Por Inés Bebea – Ondula  País: España.
 

Vivimos un momento en que no existe ya la discusión sobre si queremos las herramientas digitales o no, o sobre si son buenas o malas. Están ahí. La experiencia de lo digital está presente en muchos momentos de nuestra vida cotidiana. Es un aparato más en mi bolsillo, en casa o en la oficina, una foto a la que regreso en cualquier momento, un mensaje que espero en cualquier lugar. En mayor o menor medida todas somos personas usuarias de las herramientas digitales. Somos también consumidoras de estas tecnologías y productoras de información y, al mismo tiempo, clientes, avatares, perfiles, datos…

Tal vez nos sorprenda el papel que nos ha tocado, puede que ni siquiera nos hayamos parado a pensarlo, o que veamos aquí un tema tan complejo que no sepamos muy bien cómo abordarlo. La cuestión es que el uso mismo genera cultura, de modo que comprender y transformar la cultura que generamos al usar las herramientas digitales no sólo tiene sentido sino que es necesario. La cultura digital envuelve muchas de nuestras acciones cotidianas: implica nuestro comportamiento, nuestra forma de relacionarnos con otras personas y de participar de la vida pública en términos laborales, políticos y económicos… Cuando no revisamos la cultura en la que estamos inmersos, muy probablemente estamos reproduciendo la cultura imperante: a modo de ejemplo, un rasgo característico de esta cultura es el consumismo.

Desarrollar las competencias técnicas necesarias para un utilizar las herramientas digitales, o incluso para diseñarlas y programarlas es importante. En esto se han centrado los programas educativos de todos los niveles e incluso muchas iniciativas por la cultura libre desde que Internet y sus dispositivos llegaron a nuestras vidas, incluso antes. Sin embargo, saber utilizar o tener acceso a estas tecnologías per sé no nos hace personas más sabias, más creativas, más felices o más libres. Nos permite tener más competencias en la lógica consumista, continuando el ejemplo anterior. Así que no es poco lo que nos jugamos. Y si lo que queremos es eso, ser más creativas y más libres, si ese es el fin y la tecnología es sólo un medio, entonces, ¿qué hace falta para que protagonicemos la cultura más genuina del siglo XXI?
 

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Inés Bebea es ingeniera de telecomunicaciones, educadora y actriz de teatro social. Sensible a las implicaciones personales, sociales y políticas de la cultura digital, promueve una educación integral de la persona en relación al uso de las tecnologías digitales. Ha colaborado con la Universidad Rey Juan Carlos (España) y la Universidad de Oslo (Noruega), así como con organizaciones sociales en relación a ICT4D como el Programa de Voluntarios de Naciones Unidas (UNV), Ingeniería sin Fronteras y la Fundación EHAS, y con espacios de fomento de la cultura libre como Medialab-Prado. Es fundadora del proyecto Ondula – la tecnología es para las personas, orientado a la formación en tecnologías digitales desde una perspectiva humanista y crítica, y autora de la guía de Alfabetización Digital Crítica. Actualmente realiza conferencias, talleres y consultoría en materia de Educación Digital Crítica.

 

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